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fem_chinguetti_dic2025_30 - Editada

Hay viajes que uno recuerda y hay experiencias que se instalan dentro. El Proyecto
Chinguetti, impulsado por la Fundación Europamundo en Mauritania, ha sido para mí una de esas experiencias que no se olvidan, porque no se limitan al recuerdo: transforman. Ha
cambiado mi manera de mirar el mundo, de entender el valor del tiempo, de replantearme
qué es realmente necesario en la vida y cuál es mi responsabilidad como visitante, como
profesional y como persona.

Antes de llegar a Chinguetti pensaba que iba a conocer un lugar. Después de pasar allí unos días, comprendí que lo que realmente iba a conocer era una comunidad, una forma de resistencia y una lección profunda de dignidad humana. No se trataba solo de viajar, sino de escuchar, observar y dejarse interpelar.

Mi llegada a Mauritania fue mucho más sencilla y humana de lo que imaginaba. Desde el
primer instante me sentí acompañado. Nos vinieron a buscar y nos trasladaron a un apartamento donde pude descansar y empezar a asimilar dónde estaba. Ese gesto, aparentemente pequeño, fue en realidad una declaración de intenciones: cuidado, respeto y hospitalidad.

En contextos que no son los nuestros, esos primeros detalles importan más de lo que creemos. Te sitúan, te tranquilizan y te recuerdan que estás entrando en un lugar donde las relaciones humanas siguen siendo centrales.

Al día siguiente partimos de Nuakchot rumbo a Chinguetti. El viaje es largo, pero profundamente revelador. A medida que el paisaje urbano desaparece y el desierto comienza a dominar el horizonte, uno empieza a desacelerar, casi sin darse cuenta.

Hicimos varias paradas en el camino y fue entonces cuando el té empezó a formar parte de nuestro día a día. El té no es solo una bebida; es un ritual social, un espacio para la conversación, una forma de cuidar al otro. Compartir té es compartir tiempo, y en Mauritania el tiempo se ofrece sin prisa.

Chinguetti no se impone, se descubre. Es una ciudad silenciosa, marcada por el desierto y por siglos de historia. Caminar por sus calles es caminar sobre memoria, sobre conocimiento transmitido de generación en generación, sobre una lucha constante por permanecer.

Desde el primer día percibí que estaba en un lugar vulnerable y, al mismo tiempo, profundamente fuerte. Vulnerable por el avance de las dunas, por el aislamiento geográfico y por la escasez de recursos. Fuerte por la dignidad de su gente, por su capacidad de adaptación y por el profundo sentido de comunidad que se respira en cada gesto cotidiano.

Uno de los momentos que mejor resume el espíritu del proyecto lo viví durante una de las primeras clases, apenas a los dos días de comenzar. Recuerdo perfectamente cómo, sin darnos cuenta, habíamos sobrepasado la hora de finalización de la clase.

Lo normal habría sido que los alumnos se levantaran y se marcharan. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Los alumnos querían seguir. Mostraban un interés genuino por el ejercicio, por entender, por practicar. Nadie miraba el reloj. Nadie mostraba prisa.

En ese instante comprendí que no estábamos simplemente impartiendo un curso de español: estábamos ofreciendo una oportunidad real, y ellos la estaban abrazando con una motivación que rara vez se ve. Ese momento confirmó algo esencial para mí: cuando la educación es significativa, respetuosa y útil, el aprendizaje se convierte en deseo.

Otro de los momentos más reveladores del trabajo con los alumnos fue una actividad que realizamos fuera del aula. Antes de nuestra llegada a Chinguetti, les habíamos pasado una encuesta para conocer su percepción sobre cuáles podían ser los puntos turísticos más relevantes de la ciudad. Queríamos entender cómo veían ellos su propio territorio y qué creían que podía resultar interesante para un visitante.

A partir de esas encuestas, seleccionamos varios puntos de la ciudad y les propusimos una
actividad muy concreta: salir al exterior y que fueran ellos mismos quienes nos explicaran esos lugares, preparando previamente sus discursos en español. Cada alumno se responsabilizó de un punto distinto y luego lo expuso ante el grupo.

La actividad se desarrolló con una alegría contagiosa y una participación total. Todos querían intervenir, explicar, aportar. Nos contaron Chinguetti desde su punto de vista, añadiendo detalles que difícilmente aparecen en una guía turística. Entre un punto y otro nos explicaban cómo son las viviendas por dentro, cómo se organiza la vida familiar, cuáles son algunas de las fiestas tradicionales y, de forma muy especial, cómo se celebran las bodas, explicándonos que la novia permanece tapada durante toda la celebración.

Lo que más me marcó fue la motivación que mostraron. No estaban repitiendo un discurso aprendido, estaban contando su ciudad, su cultura y su forma de vida con orgullo. En ese momento entendí que no solo estaban aprendiendo un idioma, sino también a mirar su propio entorno como un valor que merece ser contado y protegido.

La capacidad de aprendizaje de los alumnos de Chinguetti me ha parecido admirable. En apenas seis meses, muchos de ellos han alcanzado niveles A2 e incluso B1, siendo capaces de mantener conversaciones fluidas en español. Este avance no es casual. Es fruto del esfuerzo constante, de la disciplina y del compromiso colectivo.

Pero el aprendizaje ha ido mucho más allá del aula. Lo vi claramente el día que organizaron un evento sorpresa para todos nosotros en pleno desierto. Construyeron una jaima, organizaron un servicio de catering, coordinaron músicos, prepararon una obra de teatro y un espectáculo de baile.

Aquel día entendí que el proyecto estaba funcionando de verdad. No como una idea teórica, sino como una experiencia transformadora que les estaba dando herramientas prácticas para su futuro.

La realidad es que Chinguetti necesita turismo, pero al mismo tiempo necesita formación. Ambas cosas no pueden separarse. El conocimiento de un idioma como el español, en un lugar donde además de turistas llegan muchos voluntarios de origen español, se convierte en una herramienta de enorme valor práctico y humano.

Durante el tiempo en el que estuvimos impartiendo las clases, varios de los alumnos más avanzados comenzaron a realizar traducciones en el hospital. Actuaban como puente lingüístico entre los cirujanos voluntarios españoles y la población local, traduciendo del español al árabe y viceversa.

Verlos desempeñar ese papel fue una de las pruebas más claras del impacto real del proyecto. En pocos meses, el aprendizaje del idioma ya estaba mejorando la comunicación, facilitando la atención médica y reforzando la autoestima de los propios alumnos.

Los alumnos son el verdadero motor del Proyecto Chinguetti. Cada uno de ellos representa una historia distinta, un sueño, una posibilidad. No todos quieren ser guías turísticos, y eso es importante subrayarlo. Algunos sueñan con montar una tienda, otros con ofrecer servicios diferentes, otros con trabajar en la capital.

Lo esencial es que ahora tienen una base sólida. Si se quedan en Chinguetti, podrán atender a turistas con mayor preparación. Si se marchan, llevarán consigo una herramienta fundamental: la capacidad de comunicarse.

La Fundación Europamundo no solo ofrece formación. Ofrece dignidad y un acompañamiento que reconoce a los participantes como protagonistas de su propio futuro.

La visita a la biblioteca de manuscritos de Chinguetti fue uno de los momentos más emocionantes de toda la experiencia. Ocurrió al día siguiente de nuestra llegada. Nos recibió Sidi Mohamed, quien nos explicó con claridad y pasión el contenido de los pergaminos, su historia y su valor cultural, todo ello en español.

La emoción fue aún mayor cuando descubrí que Sidi Mohamed era alumno del curso de español y que, apenas cinco meses antes, no hablaba el idioma. Escucharlo explicar un patrimonio milenario en una lengua recién aprendida fue profundamente simbólico. En ese momento sentí que el pasado y el futuro de Chinguetti se daban la mano.

El mercado de Chinguetti es una experiencia intensa. A ratos abrumadora, pero absolutamente auténtica. Las mujeres te ofrecen sus productos con insistencia, sí, pero también con una dignidad y una fuerza que obligan a mirar más allá del simple acto de compra.

Para mí, el mercado representa la vida real de Chinguetti. No es un escenario para turistas. Es un espacio de trabajo, de subsistencia y de resistencia diaria. Comprar allí es una forma directa de apoyar a la comunidad local.

Chinguetti no está sola. Existen varios proyectos en marcha que trabajan de manera simultánea y complementaria. Algunos se centran en plantar acacias para frenar el avance de las dunas. Otros traen cirujanos voluntarios cada tres meses, ofreciendo atención médica especializada.

También existen hospedajes de tipo hotelero y viviendas que pueden ser alquiladas, lo que permite desarrollar un turismo de experiencias auténticas, integrado en el territorio y respetuoso con la comunidad.

Después de vivir esta experiencia, tengo la convicción absoluta de que Chinguetti necesita turismo, pero un turismo consciente. Un turismo que no consuma el lugar, sino que lo cuide. Que no transforme la cultura en espectáculo, sino que la valore.

El turismo, cuando se vincula a la educación, a la formación y a la colaboración con la población local, puede ser una herramienta poderosa para construir puentes, preservar culturas y abrir futuros. El Proyecto Chinguetti es un ejemplo claro de ello.

Chinguetti es un lugar en riesgo. El desierto avanza, las oportunidades son limitadas y la permanencia de la comunidad no está garantizada. Apoyar proyectos como este no es un gesto simbólico, es una necesidad real.

Volver de Chinguetti no ha sido sencillo. Algo de mí se ha quedado allí. Esta experiencia me ha obligado a replantearme qué significa el progreso, qué valor tiene el tiempo y cuál es mi papel como visitante.

Chinguetti me ha enseñado que la dignidad no depende de lo que se posee, sino de cómo se vive. Y que la educación, cuando se hace con respeto y compromiso, puede cambiar vidas.

Este proyecto está dejando huella en Chinguetti. Y también la ha dejado en mí.

Ese, para mí, es su mayor logro.

Albert Gómez Herrera

Y mientras la arena siga avanzando, nosotros seguiremos sumando granos de esperanza...

Diario de Chinguetti

Descubre el impacto del Proyecto Chinguetti a través del testimonio real de Luz y Elena, voluntarias en Mauritania. Una historia inspiradora sobre la fuerza transformadora de la educación, el...

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PROYECTO CHINGUETTI

Puentes Lingüísticos y Turísticos